Kurpites de Angahuan

En Angahuan, la Danza de los Kurpites no comienza en una tarima, sino en casa de los cargueros, donde lo sagrado se mezcla con las labores más elementales de la vida. Es un protocolo de gratitud y respeto.

En este primer encuentro, el Tarhepiti y la Maringuia asumen su rol como representación del sol y la luna, del hombre y la mujer. Mientras uno corta leña de un tronco duro, la otra simula la molienda del maíz. Son movimientos coreografiados que transforman el trabajo diario en un acto de identidad comunal.

Existe una transición al momento exacto en que el individuo deja de serlo para convertirse en parte de un mito que sostiene a todo un pueblo. Es la belleza de lo espontáneo dentro de lo estrictamente ritual.

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