Uruapan y el Medio Ambiente: Esto es lo que Mis Fotos No Pudieron Callar
El río Cupatitzio está cambiando. El Parque Nacional está cambiando. Y las autoridades no han dicho nada. Esto sí.
Hace diez años iba al Parque Nacional Barranca del Cupatitzio a hacer fotos bonitas. Hoy abro esos archivos y ya no veo fotos bonitas. Veo evidencia.
No lo planeé. Nadie me mandó a documentar nada. Solo era un joven con cámara que amaba ese lugar. Pero resulta que casi diez años de fotos del mismo sitio cuentan una historia que Uruapan lleva demasiado tiempo ignorando — o prefiriendo ignorar.
Y hoy la cuento.
Lo que Está Pasando en el Parque que Todos Presumen pero Nadie Protege
El Parque Nacional Barranca del Cupatitzio es uno de los lugares más fotografiados de Michoacán. Turistas locales, nacionales, internacionales en temporada — todos llegan impresionados por lo mismo: el verde, el agua, esa barranca que parece sacada de otro mundo.
Pero hay algo que no sale en las fotos oficiales de la Secretaría de Turismo.
El Gólgota, una de las cascadas más importantes del parque, tiene hoy notablemente menos agua que hace una década.
Y, al menos desde mi experiencia y lo que he podido observar durante estos años, la conversación pública sobre este cambio parece estar muy lejos de la urgencia que merece.
Un parque nacional que debería ser prioridad de conservación está funcionando como termómetro ambiental.
El Aguacate, el Agua y el Gran Silencio
Hay que decirlo claro porque en Uruapan parece que hay miedo de decirlo: el aguacate está destruyendo el municipio.
Y antes de que alguien saque el argumento de la derrama económica — solo hace falta caminar por la ciudad para ver que esa derrama no llega a las calles, no llega a los servicios, no llega al agua que sale por la llave de muchas colonias. O que no sale.
Porque sí, hay colonias en Uruapan donde el agua escasea. En un municipio con uno de los sistemas de mantos acuíferos más importantes del estado. En una ciudad cuyo nombre en purépecha significa precisamente eso — lugar donde abunda la flor y el fruto, lugar donde todo florece.
Los cerros que eran pinos hoy son aguacate. Los mantos acuíferos que eran de todos hoy abastecen a unos cuantos. Y el parque nacional que era orgullo de la ciudad hoy le está pidiendo ayuda a gritos.
Se habla de desvío de agua hacia huertas. Se sabe de mantos acuíferos ya comprometidos por industrias refresqueras. Pero lo que más duele no es el saqueo en sí — es la normalidad con la que se acepta. La forma en que se convierte en paisaje, en algo que simplemente "es así".
Cuando algo desaparece poco a poco, el ojo se adapta y deja de verlo. Por eso necesitamos las fotos de hace diez años. Para no olvidar lo que había.
Por Qué no Me Quedé Callado
No soy periodista. No soy activista de carrera. Soy alguien que quiere a su ciudad y que un día abrió su archivo fotográfico y no pudo fingir que no veía lo que estaba viendo.
Y eso es exactamente lo que le pido a cualquier persona que lea esto — no que se vuelva activista, no que aprenda fotografía, no que compre equipo caro. Le pido conciencia y acción.
Porque si vives en Uruapan o en cualquier ciudad con un río, un cerro, un parque, un lago — probablemente tienes fotos de ese lugar de hace tres, cinco, ocho años. Ponlas junto a cómo está hoy. Mira. Y si algo cambió para mal, no te lo guardes.
No se necesita una cámara profesional para denunciar. Se necesita memoria. Y un celular con dos fotos del mismo lugar en años distintos puede decir más que cualquier comunicado oficial.
Eso no es una lección de fotografía. Es lo mínimo que podemos hacer cuando las instituciones que deberían proteger un patrimonio natural deciden mirar para otro lado.
Lo que Todavía Queda y lo que Podemos Perder
Uruapan todavía es extraordinaria. El Cupatitzio todavía corre. El parque todavía existe. Y eso importa, no para conformarse, sino para entender lo que está en juego.
La gente que llegaba de fuera quedaba sin palabras. Verde por todos lados, agua limpia, una barranca que te cambiaba la cara. Eso fue real. Y puede seguir siendo real si alguien — muchos alguien — deciden que vale la pena pelearlo.
Mis fotos de hace diez años ya no me parecen fotos bonitas. Me parecen una advertencia. Y prefiero compartir esa advertencia a dejar que se archive en silencio.
Como decía Lenin — y lo cito porque no encontré una forma más exacta de decirlo — "la historia nos ha planteado una tarea inmediata". Aquí la tarea no tiene nombre complicado. Es simple: no dejar que esto desaparezca sin que nadie lo diga en voz alta.
Fotografiar el deterioro no es pesimismo. Es negarse a que desaparezca en silencio.
Obra disponible. Una selección curada de impresiones de autor en series numeradas. Una vez agotadas, no volverán a imprimirse.