Perfect Days y la Estética de lo Cotidiano: ¿Por qué la rutina es el arte más sublime?

Escena de le película Perfect Days

¿Es posible alcanzar la perfección a través de la repetición? Vivimos en una época obsesionada con la novedad, el hiperestímulo y la huida constante de lo ordinario. Solemos mirar la rutina como si fuera una prisión de la que hay que escapar a toda costa. Sin embargo, Wim Wenders, en su película Perfect Days, nos propone un giro absoluto y radical: la verdadera libertad no está en evadir el día a día, sino en profundizar en él hasta encontrar su núcleo místico. Hace poco, mientras procesaba el impacto de la cinta, apunté una línea en mi cuenta de Letterboxd que se ha quedado resonando en mi cabeza: "La perfección existe en los pequeños detalles de la vida, y la rutina es perfecta solo cuando esta se rompe".

Lo que Wenders pone ante nosotros no es una simple película sobre un hombre que limpia baños públicos en Tokio; es un tratado visual sobre cómo aprender a ver de nuevo. Para quienes trabajamos con la imagen, ya sea en la fotografía de autor o en el cine, esta obra representa un bálsamo y una lección de resistencia. Es una invitación a transitar del rol de simples consumidores visuales al de videntes activos de nuestra propia realidad.

El Ritual y el Archivo: La Fotografía como Filtro Existencial

Para entender la mente de Hirayama (interpretado de forma monumental por Kōji Yakusho), debemos observar sus silencios y, sobre todo, sus rituales. Su día no comienza con una alarma estridente, sino con el sonido sutil de una escoba barriendo la calle frente a su ventana. Cada mañana se repite con una precisión casi litúrgica: regar sus pequeños brotes de árboles, beber el mismo café de lata de una máquina expendedora y subir a su camioneta para escuchar casetes de rock clásico mientras maneja hacia el trabajo.

Sin embargo, donde la película verdaderamente toca una fibra profunda para nosotros como creadores es en el uso que Hirayama hace de la fotografía. Durante su hora de almuerzo, en un pequeño santuario rodeado de vegetación, saca una cámara compacta analógica de su bolsillo. No busca retratar grandes monumentos ni eventos extraordinarios. Su único objetivo es capturar el komorebi, esa palabra japonesa que define la luz del sol filtrándose a través de las hojas de los árboles. Es un acto de contemplación pura; una búsqueda por congelar lo efímero.

Lo fascinante ocurre el fin de semana, cuando el ritual se completa a través del proceso físico. Hirayama va a un pequeño laboratorio local a dejar sus rollos de película. Al recoger las impresiones, se sienta a revisarlas con detenimiento. Aquí vemos la mentalidad de un verdadero editor visual: analiza cada imagen, se queda únicamente con aquellas donde la luz y la sombra lograron la comunión perfecta, y guarda esas elegidas de manera meticulosa en cajas de cartón fechadas y archivadas en su habitación. ¿Y el resto? Las rompe y las tira a la basura sin rastro de apego.

Escena de le película Perfect Days

En Perfect Days, el protagonista toma fotos de las hojas de los árboles todos los días, pero el fin de semana tira la mayoría a la basura. No es un desperdicio; es el acto de curaduría más honesto: quedarse solo con lo que de verdad capturó el alma del instante.

Este ejercicio de edición se extiende a su mente antes de dormir. Cada noche, bajo la luz tenue de una pequeña lámpara de lectura, lee novelas de bolsillo compradas en librerías de viejo por unos cuantos yenes. La lectura no es un escape, sino la transición suave hacia sus sueños, los cuales vemos representados en la película como fragmentos abstractos de video en blanco y negro, compuestos precisamente por las texturas de luz y hojas que fotografió durante el día. Su vida entera es un ecosistema estético circular.

La fotografía digital nos ha vuelto acumuladores de imágenes vacías. Hirayama, en Perfect Days, nos enseña el valor del desapego: revelar el rollo, seleccionar con rigor la única imagen que respira, archivarla con respeto y destruir las demás. Curar el archivo es curar la memoria.

Lo Ordinario como Forma Inmutable

Wenders no esconde sus influencias; al contrario, las abraza con orgullo. El nombre del protagonista, Hirayama, es un homenaje directo al cine del maestro japonés Yasujiro Ozu. Pero la relación va mucho más allá de un simple nombre. Se encuentra en la estructura misma de la puesta en cuadro y en la forma en que se trata el tiempo.

En el cine comercial de Hollywood, el tiempo es un esclavo del movimiento: la cámara debe moverse, la trama debe avanzar, el conflicto debe estallar. En Perfect Days sucede lo opuesto. El tiempo se vuelve denso, lleno, tangible. Wenders utiliza lo que en la teoría del cine llamamos "naturalezas muertas cinematográficas" o espacios vacíos. Son tomas de la arquitectura urbana, de los árboles meciéndose con el viento, planos donde parece que "no pasa nada". Ozu llamaba a esto la estética del Mu (el vacío). Estas pausas no son errores de ritmo; son la forma inalterable que acoge el cambio de nuestras vidas. Al repetir los mismos encuadres de la camioneta o de los baños día tras día, las sutiles variaciones —un cambio en la luz, una mirada de un extraño— adquieren una potencia dramática demoledora.

La Cámara como Ventana y Espejo

¿Por qué elegir un formato cuadrado en pleno siglo XXI, cuando las pantallas nos exigen la inmensidad del formato panorámico? Esta es la primera gran decisión de diseño de la película.

El Formato 4:3 (1.33:1)

Wenders filma la película en una relación de aspecto 4:3. Este encuadre reduce drásticamente el espacio lateral, lo que genera dos efectos inmediatos. Primero, una sensación de intimidad y piedad hacia el personaje; nos obliga a mirar su rostro, sus manos y sus herramientas sin la distracción del entorno periférico. Segundo, transforma la pantalla en una ventana vertical, emulando la mirada de una persona que observa a través del visor de una cámara clásica. No estamos viendo un espectáculo; estamos compartiendo una mirada íntima y respetuosa.

Ópticas y Profundidad de Campo

Para lograr esta textura que se siente tan viva y cercana, el director de fotografía Franz Lustig utilizó la cámara Sony Venice 2 en combinación con las ópticas Zeiss Supreme Radiance. Técnicamente, esta configuración es una genialidad para el cine contemplativo. Los lentes Supreme Radiance ofrecen una nitidez uniforme y una textura orgánica que no distorsiona la realidad con desenfoques artificiales o excesivos. Al mantener una profundidad de campo generosa, la película respeta la ambigüedad básica del entorno. Las cosas en el fondo siguen estando ahí, invitando al espectador a explorar el encuadre libremente, en lugar de ser guiado a la fuerza por un foco selectivo agresivo.

Iluminación Atmosférica y Capturada

La luz en la cinta no está "puesta" para generar drama; está buscada, esperada y capturada. Se nota el ojo del documentalista que se rinde ante las condiciones reales de Tokio. El encuentro entre la luz natural del sol y los azulejos de los baños públicos genera un clima de videncia. Hay una belleza insoportable en cómo la luz rebota en el agua jabonosa o en cómo se filtra por los ventanales de los baños públicos. Es la demostración técnica de que no necesitas grandes despliegues de producción cuando sabes entender la dirección y la calidad de la luz natural.

Filmar en formato 4:3 con ópticas Zeiss de gran formato es una declaración política en el cine actual. Wim Wenders rechaza el espectáculo del formato ancho para obligarnos a mirar de frente lo que solemos evadir: la dignidad del trabajo manual y el paso del tiempo en un rostro.

El "Cualisigno": El Espacio Cualquiera de Tokio

El filósofo Gilles Deleuze introdujo en el análisis cinematográfico el concepto de los "espacios cualesquiera": lugares de tránsito, despojados de una identidad histórica o narrativa fuerte, donde el espectador puede proyectar sus propias sensaciones. Los baños públicos de Tokio —que forman parte de un proyecto real de diseño arquitectónico de vanguardia en la ciudad— se transforman bajo la dirección de Wenders en un cualisigno.

Hirayama no solo limpia estos baños; él los habita. Su relación con el espacio es arquitectónica y sensorial. La película se toma el tiempo de mostrarnos el proceso completo de la limpieza, los nexos sutiles entre el cepillo, el espejo y el agua. Estos "tiempos muertos" acumulan una fuerza que estalla cuando la rutina se quiebra ligeramente. La llegada inesperada de su sobrina, la nota de un extraño jugando al gato y al ratón en la ranura de un muro, o el encuentro con el exesposo de la dueña del restaurante donde cena los fines de semana, son las fisuras necesarias en el cristal de su rutina. Sin la rutina, esos momentos serían intrascendentes; gracias a ella, se vuelven milagros cotidianos.

Un baño público es el último lugar donde buscarías arte. Pero en Perfect Days, la combinación de arquitectura y luz natural demuestra que la belleza no depende del objeto, sino de la mirada de quien lo observa. Aprender a ver es el verdadero oficio.

El Triunfo de la Contemplación

Perfect Days es un golpe silencioso al cine de entretenimiento contemporáneo que nos trata como sujetos pasivos. Aquí no hay giros de guion tramposos ni explosiones de dramatismo barato. El plano final de la película es, en sí mismo, una de las mayores cátedras de actuación e imagen de los últimos tiempos: varios minutos de la cámara fija en el rostro de Hirayama mientras maneja hacia el amanecer, escuchando "Feeling Good" de Nina Simone. En sus ojos vemos cruzarse la alegría pura, la nostalgia profunda, el cansancio y la plenitud. Es lo que se conoce como una conciencia oceánica.

Como narradores visuales, la lección es contundente: el arte no está en la búsqueda de lo exótico o lo espectacular. El arte es el excedente que decidimos otorgarle a lo cotidiano a través de nuestra atención, nuestra techné y nuestra paciencia.

Si has estado buscando la belleza en medio de la saturación moderna y tú quieres recuperar la capacidad de ver lo extraordinario en lo ordinario, entonces deberías detenerte, respirar y rodearte de visiones que capturen ese komorebi eterno. Te invito a visitar la sección de Tienda en mi blog, donde encontrarás piezas de mi archivo personal que buscan manifestar esa misma conciencia y contemplación en cada encuadre. ¿Cuál es ese pequeño ritual diario que le da orden y sentido a tu caos?


Obra disponible. Una selección curada de impresiones de autor en series numeradas. Una vez agotadas, no volverán a imprimirse.

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